Todo lo que debes saber sobre los tonsilolitos Causas, tratamiento y prevención de los tonsilolitos

En ocasiones nos encontramos con casos de halitosis recurrentes a pesar de haber mantenido unos buenos hábitos de higiene bucal. Una de las posibles causas de estos episodios son los tonsilolitos, es decir, una especie de cálculos o solidificaciones que se pueden llegar a formar y a acumular en las amígdalas.

Las amígdalas son dos masas de tejido linfático que se localizan en la parte posterior de la garganta. Su función es actuar como barrera para atrapar los microorganismos que entran a través de la nariz o de la boca, y así evitar posibles causas de infecciones.

Es importante no confundir los términos amigdalitis y tonsilolitos. Los tonsilolitos se originan por la deposición de alimento en la garganta, que provoca que con el paso del tiempo los microorganismos empiecen a reproducirse. Estos microorganismos se van acumulando en las amígdalas hasta producir esta enfermedad. En cambio, la amigdalitis es una inflamación de las amígdalas por diversas causas que no están relacionadas con este proceso.

Los tonsilolitos representan una de las principales causas del mal aliento, lo cual trae consigo una incomodad desde el punto de vista social, ya que el olor que emana es muy intenso y putrefacto. Generalmente no son lesiones grandes, pero si la infección está avanzada puede generar dolor e inflamación en la garganta, oídos y dificultad para deglutir. Al examen físico, se evidencian fragmentos blanquecinos-amarillentos en las amígdalas.

Causas de los tonsilolitos

Aunque no se ha reconocido su etiología de forma contundente, se asume que la acumulación de comida en la garganta es su principal promotor. Sin embargo los especialistas enumeran las siguientes posibles razones:

  • Calcificación de elementos existentes en la sangre que se alojan en la garganta.
  • Presencia de bacterias bucales que no se tratan correctamente, quedando algunas activas y que progresivamente se van reproduciendo y creando una nueva infección.
  • Acumulación de glóbulos blancos (leucocitos) muertos.
  • Fumar cigarrillos.
  • Deficiente técnica del cepillado (Un correcto cepillado debe incluir siempre la limpieza de la lengua).
  • Salivación profusa.
  • Depósitos de comida que se descompone, creando una capa infecciosa.

Tratamiento para los tonsilolitos

  • El tratamiento habitual para esta infección suele incluir el uso de antibióticos y/o antiinflamatorios, siguiendo siempre las indicaciones del odontólogo o médico que nos esté tratando. Generalmente son dosis de hasta 10 días de administración oral o endovenosa, dependiendo del grado de infección.
  • Si los tonsilolitos son recurrentes en el paciente, una solución puede ser la extirpación de las amígdalas (intervención quirúrgica donde se extraen).
  • Cuando el grado de infección es leve, se puede recurrir a tratamientos sencillos (siempre previa consulta con el especialista) como hacer gárgaras con agua tibia salada (debe realizarse al menos tres veces al día para sentir mejoría en la zona afectada) o el uso de aplicadores o bastoncillos para drenar manualmente los cálculos (esto se debe realizar con mucho cuidado) El objetivo es extraer la mayor cantidad posible de tonsilolitos, lo cual se debería traducir en una mejora notable del dolor e inflamación.

¿Es posible prevenir los tonsilolitos?

El primer paso es siempre un correcto diagnóstico, de modo que recomendamos acudir al dentista para buscar el mejor modo de atacar la infección y prevenir que se repita en el futuro. Aunque la inflamación puede ser leve, es evidente en el momento de realizar el examen físico.

Prevenirlos es difícil si no se mantiene una buena higiene dental, ya que mientras queden restos alimenticios en la boca estos pueden llegar a originar la infección.

En los casos de tonsilolitos recurrentes se recomienda:

  • Tratar las infecciones lo antes posible para detener la proliferación de microorganismos que puedan complicar la infección.
  • Mantener una adecuada salud bucal, asistiendo periódicamente al odontólogo y habituándose a una buena y constante técnica de cepillado, para mantener a raya el desarrollo de la infección.
  • Limitar (o incluso evitar de ser necesario) el consumo de alimentos ácidos y/o fríos que puedan acrecentar los síntomas, sobre todo el dolor.